martes, 16 de diciembre de 2008

Nietzsche y mi Ariadna


Dicen que sólo existe un elemento o ente imperecedero e indestructible. Indestructible y, a la vez, altamente destructible. Este elemento es el tiempo, y eso es fotografía, detener el tiempo, crear una forma irreverente de inmortalidad. Una pequeña guerra contra el olvido en el que vamos a caer. Los edificios se construyen con fuertes cimientos, para que sean eternos, para que nos protejan, para desarrollarnos en ellos. Lo que no sabemos es que los edificios caen y con ellos nosotros, lo único que verdaderamente nos hace libres, des da alas, des hace inmortales es el olvido.

Lo que no ha existido no puede ser olvidado. No hay pena, no hay gloria, no hay risas, ni llantos, no hay dolor, y, tampoco, hay amor. Sólo quedan posibilidades, volver a empezar, ver que todo es posible, que el mundo está bajo nuestros pies si nos volatilizásemos por el cielo. Si el tiempo tiene el poder de destruir, el cielo tiene el poder de construir. Es el cielo una autopista abierta hacia los nuevos proyectos, hacia lo que podemos ser, lo que queremos ser. El cielo no juzga, es puro, blanco, eterno, sólo en un campo tan abierto como el cielo, que nos abarca a todos y lo abarca todo, seremos capaces de convertirnos en lo que verdaderamente somos, sin mas reflejo que nuestra propia imagen interior.

Paul McCartney escribió “Hey Jude” tratando de decirnos que todo vuelve a empezar, que cuando una historia acaba nosotros escribimos otra, creamos otra melodía. Podemos convertir esas melodías, esa letra de nuestra vida, en el amparo de nuestros días, en lo que nos rodea y envuelve. Pero siempre permaneciendo libres, capaces e independientes, sabiendo que, como ya dijo Paul, “todo se borra y se vuelve a escribir”.

Cuando un edificio cae se construyen tres semejantes a su alrededor. Es la continuidad. Todo está creado, y todo está por reinventar. Hay quién verá en esto una repetición de lo ya vivido, y hay quién verá nuevas maneras de desarrollarse, de cambiar. De crecer y aprender. Aprovechar lo que ya conocemos para hacerlo diferente bajo la compañía de cuervos negros, que según cómo y quién los mire, son o no, una grata compañía.



1 comentario:

Viva dijo...

Has dicho cosas con las que me siento totalmente identificada. Yo una vez dediqué esa canción, a alguien que también entiende todo lo que has escrito.

Y a parte de esto y, por alusiones al título, te diré que la fotografía, como arte, es cosa de superhombres. O al menos de Supermiradas. Y la tuya lo es. Very special baby.

un besito!