

CINDY SHERMAN
La obra de Cindy Sherman supuso la fulgurante reanimación de la fotografía escenificada a finales de la década de los setenta. En 1977 logró conquistar a un amplísimo público con sus Untitled Film Stills, 69 tomas en blanco y negro de pequeño formato que mostraban a la artista en distintos roles femeninos que recuerdan vagamente a las heroínas cinematográficas de las películas holliwoodenses de los años cincuenta . La serie ponía sobre l tapete lo limitado e intercambiable de los estereotipos masculinos sobre la feminidad así como su reduplicación mediática a través del cine y la televisión.
Con la aproximación a lo absurdo y lo grotesco la obra posterior de Sherman ha hecho suyas determinadas tradiciones de la fotografía surrealista que van de Hans Bellmer a Claude Cahun. A lo largo de las tres últimas décadas la artista ha desarrollado un complejo juego de roles de inquietante intensidad que plantea en diferentes contextos la cuestión de la fijación de la identidad femenina en la sociedad.
En los años ochenta y noventa del pasado siglo sus representaciones de violencia y sexualidad ( para las que se valía de diferentes máscaras y prótesis´), dieron pie e no pocas controversias. La estética feista propugnada por Sherman se vio intensificada con una serie de fotografías de marcados acentos pictóricos en los que recogía a modo de bodegón , materiales como excrementos, mucosidades, sangre, penes protésicos, en una prefiguración de “plagas” contemporáneas como el SIDA o la anorexia.
En una de sus últimas series de imágenes “Untitled” / Clowns (2004que ahora se presentan Sherman vuelve a utilizarse a sí misma como modelo, Se trata de dieciocho instantáneas chillonas manipuladas digitalmente que muestra a la artista con diferentes carácterizaciones de payaso. A la ambigüedad tragicómica de sus diferentes carácterizaciones se añade con ellas la puesta en tela de juicio del papel del artista en la sociedad. Cindy Sherman parece preguntarse y preguntarnos ¿ Son los artistas hoy los bufones de la sociedad del espectáculo”.
Con la aproximación a lo absurdo y lo grotesco la obra posterior de Sherman ha hecho suyas determinadas tradiciones de la fotografía surrealista que van de Hans Bellmer a Claude Cahun. A lo largo de las tres últimas décadas la artista ha desarrollado un complejo juego de roles de inquietante intensidad que plantea en diferentes contextos la cuestión de la fijación de la identidad femenina en la sociedad.
En los años ochenta y noventa del pasado siglo sus representaciones de violencia y sexualidad ( para las que se valía de diferentes máscaras y prótesis´), dieron pie e no pocas controversias. La estética feista propugnada por Sherman se vio intensificada con una serie de fotografías de marcados acentos pictóricos en los que recogía a modo de bodegón , materiales como excrementos, mucosidades, sangre, penes protésicos, en una prefiguración de “plagas” contemporáneas como el SIDA o la anorexia.
En una de sus últimas series de imágenes “Untitled” / Clowns (2004que ahora se presentan Sherman vuelve a utilizarse a sí misma como modelo, Se trata de dieciocho instantáneas chillonas manipuladas digitalmente que muestra a la artista con diferentes carácterizaciones de payaso. A la ambigüedad tragicómica de sus diferentes carácterizaciones se añade con ellas la puesta en tela de juicio del papel del artista en la sociedad. Cindy Sherman parece preguntarse y preguntarnos ¿ Son los artistas hoy los bufones de la sociedad del espectáculo”.







ANNIE LEIBOVITZ
Pasó su infancia y adolescencia en diferentes ciudades de EEUU.Su primer contacto con la fotografía fue a través de álbumes de fotos familiares. Un poco más tarde, sus primeras referencias en materia de fotografía fueron Henri Cartier-Bresson y Jaques-Henri Lartigue. Comenzó en 1970 a estudiar fotografía en el Instituto de arte de San Francisco, ese mismo año tuvo su primer gran éxito como fotógrafa gracias a un portfolio que propuso a Robert Insburry, el director artístico de la revista Rolling Stone.Annie Leibovitz fue nombrada en 1973 fotógrafa jefe de esa revista, cargo que ocupó hasta su traslado a Vanity Fair, en 1983."Es divertido hacer fotos conmigo, algunas veces pongo a la gente en el barro y otras las cuelgo del techo" Así comentó una vez su propia manera de trabajar. Sus retratos de estrellas de la música, el cine y el teatro, del arte, la literatura o la política, seducen por su originalidad y el aspecto viviente de sus puestas en escena. La seriedad y la sobriedad no son el lado fuerte de sus retratos, por el contrario, ella introduce siempre en sus imágenes una cierta dosis de broma, humor e ironía.Gracias a la intensidad de su confrontación con la personalidad de sus modelos, la fotógrafa consigue hacerles adoptar las poses deseadas, no desprovistas de humor. "Cuando digo que me gustaría fotografiar a determinada persona, lo que quiero decir realmente es que me gustaría conocerla"

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